Dentro de pocos días uno de mis sueños más acariciados se volverá real: el viaje a Europa con Miguel, mi compañero, mi amigo. mi cómplice, mi esposo.
Un año de planificación, de hacer y deshacer cuentas, de navegar horas por internet, de contactar con diferentes personas para ir construyendo, ladrillo a ladrillo, nuestro sueño cada vez más sólido, más palpable, más real.
El 28 por la noche partiremos a Lima para compartir el 29 y parte del 30 con la familia; rápidos saludos navideños y buenos deseos de fin de año. A las 5 de la tarde -del 30- nos dirigiremos al aeropuerto y abordaremos el avión de KLM hacia París. ¡París! Recibiremos el 2011 en la Ciudad Luz. Allí, nos encontraremos con Norma, mi compañera de colegio y de confidencias en nuestra adolescencia. Ella, desde Francia, contagiada de nuestro entusiasmo, se animó a darnos el encuentro y lo pasaremos juntos, ella y su esposo y los cuatro vagaremos por las calles siempre iluminadas de París, tomaremos champagne, reiremos y no pararemos de hablar y de reír!
Este 2010 ha estado lleno de desafíos, de aprendizajes, de satisfacciones y decepciones. Mi experiencia al frente de la Dirección de Estudios del colegio me ha enfrentado a mí misma y a otras personas. Pero qué enriquecedora oportunidad de conocer las distintas reacciones humanas: la sonrisa sincera y la sonrisa hipócrita; la mirada cristalina y la de soslayo, ocultando, disimulando; la mano sincera, amistosa y la floja, húmeda, delatando la poca fortaleza de espíritu de su dueño...
Se termina el 2010. Y una vez más debo agradecer a Dios, al Universo, al Cosmos. No todo ha sido color rosa. Puedo decir que ha sido un año difícil. Mi salud acusó -más de una vez- el cúmulo de tensiones afectándome. Pero las experiencias vividas, quedan como lecciones. Muy bien aprendidas.
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